Tamas Gaspar Ilustración
Cojo la multa del parabrisas del coche y parece un pliego largo e infame, con explicaciones absurdas y datos ininteligibles. El papel se enrosca como una víbora y observo un centenar de coches con el mismo regalo flameando al viento. Se van los policías felices, satisfecha la voracidad recaudatoria que les impone el ayuntamiento más vil, más endeudado de la historia. Se van los municipales y en su huida, casi tropiezan con un grupo de indigentes tirados en el suelo alrededor de un cartón de vino. Uno vomita y otro duerme sobre una manta asquerosa. Los polis los sortean a paso rápido mientras enumeran la cantidad de coches que han multado. Los vagabundos, miserables y arrastrados, les miran aburridos y discuten entre ellos.
Madrid se precipita en el abismo de la mierda. La Plaza de España se ha convertido en el búnker de los okupas y las fachadas se desangran de verguenza por lo que fueron y son. Los hoteles cerrados a cal y canto, las puertas candadas, cines desgarrados, comercios precintados, viviendas vacías y colchones podridos luchando por encontrar un hueco en los soportales de los bancos.
Solo los teatros se niegan a encogerse, a plegarse, ante el martilleo persistente, necio y cínico de los impuestos; del IVA brutal que pierde más dinero del que recauda, que empuja a la gente a quedarse en sus casas escondida, contando una vez más el resto de la hucha. Los colegios están hoy cerrados, en huelga. Portavoces del gobierno se apresuran a anunciar el fracaso de la movilización. Las listas de espera en los hospitales se eternizan; la atención se resiente ante la pérdida imparable del personal de servicio. 
Tamas Gaspar
Y entonces el gobierno habla de la sentencia sobre «la doctrina Parot» y dice que el PP va a ir a una manifestación con las víctimas del terrorismo. Feliz, Rajoy encuentra una coartada para salir de la cueva y hablar y envolverse en el hábito del victimismo y sacar a pasear al terrorismo felizmente enterrado, porque ya tiene tema y se olvida un rato de la crisis, que ya entre tanto el Banco de España la da por finalizada y los nobles cronistas de Soraya se felicitan de que, efecitvamente, por fin hay brotes verdes asomando por detrás de las puertas y ventanas.
De verdad, hay que tener los huevos de plomo.
