WILLIAM KENNEDY

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El escritor William Kennedy  abrió una galleta china de la fortuna en cuyo interior había una leyenda que decía: «Esta es tu semana de la suerte». Unos días más tarde, estando en su casa, recibió una llamada de teléfono de un tipo que se presentó como señor Hope:

-¿Es usted William Kennedy, el escritor? Enhorabuena, acaba de ser galardonado con una beca MacArthur, que le dará 264.000 dólares libres de impuestos.

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Kennedy escribió la novela «Tallo de Hierro», obra con la que obtuvo el Premio Pulitzer y que posteriormente llevaría al cine el argentino Hector Babenco.  Lo que la gente no sabe es que esa novela premiada fue rechazada por trece editoriales distintas, provocando la desesperación del autor. A punto de tirar la toalla,  el destino le hizo un guiño en forma de encargo. La revista Esquire le pidió que fuera a entrevistar al célebre escritor Saul Bellow, quien además había sido profesor suyo en la Universidad de Rio Piedras, Puerto Rico.  Enterado de sus desdichas, Bellow hizo una serie de gestiones y de inmediato «Tallo de Hierro» fue publicada con enorme éxito.

William Kennedy, paciente y agudo observador consigue algunas descripciones tan memorables como la que en su libro «Roscoe» recrea con detalle las trampas que rodean las brutales peleas de gallos en EEUU:

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«…en el instante  en que un «soltador» sinvergüenza ( que trabaje para el otro tipo o para ti) toca un gallo, puede romperle en secreto un muslo con el pulgar, o causarle dolor por medio de presión en los riñones o el ano, o restregarle los ojos para cegarlo. O bien, si tu gallo tiene clavada en el pecho la navaja de su contrincante, cuando el soltador los separe puede arrancar la hoja de modo que desgarre la carne del ave.  También puedes adiestrar a tu gallo para que pierda: quítale las proteínas o el agua, dale una vela para que se la quede mirando toda la víspera de una pelea; caúsale diarrea con sales, drógalo con cocaína y si ha perdido un ojo, échalo a reñir por el lado ciego para que no pueda ver al wk5enemigo. O, a la inversa, unta las espuelas de tu gallo con curare para paralizar al enemigo; ponle grasa en la cabeza para que sea resbaladiza; ponle lidocaína en las plumas para que cuando le pique el contrario se le duerma la boca y pierda precisión; aplica grasa, harina y hollín de cocina a la cabeza de tu mejor luchador para que parezca enfermo y la gente piense que no puede ganar; alimenta a uno de tus gallos cobardes con zumo de tomate para que esté bronceado, el color de los ganadores, pero apuesta a que perderá. Si tienes paciencia haz que uno de tus mejores gallos sufra hemorragias: adminístrale lentamente un anticoagulante hasta que un golpe en la cadera o el muslo cause un hematoma. Obra de acuerdo con otro propietario para que los dos gallos lleven navajas unos milimetros mas cortas de la longitud regulada, de modo que tu gallo con tendencia a las hemorragias no pueda golpear fatalmente la arteria carótida de su  enemigo, pero que sangre cuando éste le golpee. El cuello se le hinchará de sangre y se pondrá cianótico con aspecto de muerto. wk4El hábil soltador le masajeará con rapidez el cuello para eliminar la sangre y lo hará revivir antes de que sufra un shock irreversible, y entonces lo hará de nuevo en el banco de primeros auxilios y el gallo se recuperara, pero ahora lo conocerán como perdedor. Deja de suministrale cumarina y ponlo a luchar de nuevo, con las probabilidades contra él ahora que es el perdedor, pero esta vez llevará navajas de la longitud apropiada para matar, habrá luchado y vivido y tendrá la seguridad de un superviviente. Cuando mate, recoge tus ganancias».

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