Así se llama la película protagonizada por Johnny Deep basada en la novela, flojita, del gran Hunter S.Thompson (se voló la tapa de los sesos en 2005) que recrea sus días como corresponsal sonámbulo en el Caribe y que en realidad se titula «El diario del ron«.
No es sin duda el mejor trabajo del periodista que se hizo célebre por inventar el denominado periodismo gonzo, consistente en meterse hasta las trancas en el objeto del reportaje hasta el punto de convertirse en parte capital de él. Así lo hizo Thomson cuando retrató a la célebre banda de Los Angeles del Infierno, experiencia de la que salió con la nariz rota por una paliza y con una amplia experiencia en psicotrópicos muchos de ellos compartidos con otro pirado grande y de enorme talento como era Ken Kesey el autor de la maravillosa novela Alguien voló sobre el nido del cuco.
Con el libro sobre los ángeles, Hunter Thompson inauguró una nueva era del periodismo largamente imitada por numerosos colegas de profesión a la mayoría de las cuales les faltaba el talento y, sobre todo, la locura de su mentor para llegarle siquiera a la suela de los zapatos. Hasta Tom Wolfe le admiraba dejando claro que sentía una cierta distancia entre los dos.
Pero Thomson entonces no había llegado a la cumbre de su carrera. Quizá lo más monstruoso que se ha hecho en la historia del periodismo, gonzo o no gonzo, fue el reportaje que sobre «Las carreras de Kentucky» o el «Kentucky derbi» le encargó cubrir la revista Rolling Stone. El reportero, acompañado de un inefable golfo que hacía las veces de fotógrafo, parece que no pisó una sola vez el hipódromo y sí por entero los bares de la zona. Sin embargo y una vez que fue consciente de que se había acabado el acontecimiento sin cubrirlo, el tipo se encerró en un hotel y empezó a teclear las páginas más memorables que de un relato periodístico se han escrito, haciendo una descripción devastadora de la sociedad americana del momento.
Algo parecido ocurrió cuando visitó Las Vegas, a cubrir un determinado evento que ni siquiera llegó a localizar. Sin embargo su estancia en la ciudad se convirtió en un carrusel de alcohol y alucinógenos que le llevó a escribir su obra más conocida, «Miedo y asco en las Vegas«.
Y en su línea tuvo mucha gracia aunque a los editores de Rolling Stone no les hizo la más mínima, cuando fue enviado a cubrir a Zaire la pelea entre George Foreman y Muhammad Alí disputada en 1974 por el titulo mundial de los pesos pesados. El tipo se cogió tal cogorza que no llegó ni a pisar el estadio donde se celebró el monumental combate que dejó para la historia el famosos documental «Cuando fuimos reyes«.
Como un rey volvió Hunter S. Thomson aunque por una vez le cayó tal chorreo de sus editores que hasta su mujer reconoció que el hombre, conmocionado, tardó meses en volver a escribir una línea.
Pero no tardó de nuevo en encontrar la inspiración que sufrirían en propia carne, republicanos como Nixon o George Bush padre, dianas favoritas de sus crónicas envenenadas durante la cobertura de congresos y campañas electorales.
Memorable personaje, inquietante escritor de talento desbordado; imagen alucinada del periodismo más comprometido, si no con la verdad, con él mismo. Hunter S. Thompson, el hombre que supo entender que su sitio no era tanto atender a las historias sino vivir en primera persona las que él se imaginara. Que luego, en una enloquecida sesión a puerta cerrada, ya se encargaría él de escribirlas.




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