TEATRO DEL BARRIO

 

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Hay que intentar poner un altavoz, aunque sea tan modesto como este, para la gente que se está moviendo, para las iniciativas, las nuevas ideas, la rebelión silenciosa, el inconformismo.

Porque nace de convicciones profundas y es de una honestidad tan extrema que no busques interés por ningún lado, que no vas a encontrarlo. Es gente que está reaccionando y que a su vez busca su propio lenguaje para difundir el mensaje de que puede haber otra manera, de que debe haberla, que no es verdad que las cosas sean inamovibles; que es una falacia decir que este es el mejor de los posibles. Una estrategia tan antigua como el mundo en el que te explican que, lo que pasa, es lo mejor para todos, sin alternativas, con un horizonte abismal para el que emprenda una senda distinta de la establecida.

A ver qué te parece esto. El asunto no sé si interesa pero lo que es seguro es que  te concierne. Como a todos.

Verás, me lo cuenta Alberto San Juan. Es un actor, tan conocido que no hace falta que te hable de él. Además eso a él no le interesa ahora.

Esto es lo que están haciendo.

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«El teatro del barrio es un proyecto ciudadano para hacer política a través de la cultura y la fiesta. Es una cooperativa de consumo, esto quiere decir que incluye a trabajadores y a usuarios. Para hacerse socio pagas una suscripción única de cien euros. ¿Para qué? Porque consigues que el proyecto exista y participas en su desarrollo  a través de asambleas donde se deciden las directrices generales del proyecto. Lo iniciamos un grupo de ocho personas, actores, economistas, historiadores y planteamos un proyecto que arranca desde un teatro para sumarse a una movilización más amplia que pretende  construir otro mundo,  porque este parece que solo vale  para el bienestar de unos y  el malestar de muchos. El teatro del barrio  ya funciona en Lavapiés en la antigua sala Triángulo«.

Esta es la idea. Una forma de movilizarse, de expresar que las cosas no funcionan. A lo mejor no te convence la fórmula, pero sigue leyendo, porque el diagnóstico, para Alberto, es así de terminante.

 

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«El problema de esta democracia es que está tutelada y controlada por  los grandes capitales, a través de banqueros y empresarios. Los supuestos representantes públicos al frente de las administraciones  parece que están más al servicio de los intereses privados de unos pocos que del resto que ni pincha, ni corta; nos limitamos a votar cada cuatro años a unos partidos que no tienen ninguna obligación legal de cumplir el programa con el que se han presentado y no tenemos ningún mecanismo para destituir a un representante haga lo que haga.  Me parece que ya es hora de dejar de ser testigos mudos y decidir colectivamente cómo queremos vivir. Me parece que hace falta un proceso constituyente ciudadano, que significa debatir cómo queremos organizar nuestra convivencia. Hay que recuperar la soberanía nacional, la capacidad de decidir  cómo queremos vivir, que me parece que está secuestrada». 

Vale. ¿Cómo?

«Hay que construir maneras, mecanismos, técnicas, que posibiliten la participación colectiva de la gente. Hay que conseguir crear un funcionamiento asambleario eficaz. Porque una asamblea es un coñazo que no hay quien se lo trague y hay que conseguir que sea más operativa. Luego puede haber elementos dinamizadores pero creo que la sociedad exige ahora una organización horizontal. Basta de jerarquías, basta de estructuras de los partidos y de los sindicatos, hace falta que las bases tomen las riendas. Y luego lo que digo es que puede haber gente que dinamice, como Ada Colau por ejemplo. Lo que creo es que los políticos no deben ser profesionales. Es decir, me parece muy bien que cobren las personas que se dediquen a gestionar la convivencia pero que puede ser cualquiera, tú mismo,  un periodista, un médico, un arquitecto. Y que los puestos al frente de una administración pública sean temporales, pero no quedarse ahí. El nivel de los políticos profesionales en este país es lamentable y está entre el analfabetismo y la delincuencia».

 Y uno se pregunta lo mismo que se preguntaba cuando el 15-m. Si se quiere llegar a algo, ¿ no harían falta líderes que aglutinen las sensibilidades y de paso organicen?

«Quiero que haya cien líderes, pero no uno. Hay gente muy inteligente. Y cuando la gente  pasa demasiado tiempo al frente de algo se le va la cabeza.  Me parece muy bien que haya líderes y gente que organice y comunique, pero que el poder sea soberano y que resida en el pueblo y en asambleas. Hoy creo que tenemos los recursos tecnológicos para que sea posible el mandato colectivo».

 

«El reparto de trabajo es absolutamente imprescindible. Para hacer una obra de teatro hace falta un director. Pero eso no está reñido con la dignidad humana. Tener dignidad es ser consciente de que nadie en ningún caso está ni estará ni por encima ni por debajo de ti. Si eso es así a mí no me preocupa que tú seas el director y yo el actor o que tu seas el diputado provincial y yo sea el cartero del pueblo. No pasa nada. En cualquier momento puede ser al revés. El puesto de no se qué no está reservado para unos seres especiales. Creo en la igualdad y en el reparto de trabajo. Y hay gente que se le da mejor coordinar el trabajo de todos y hay gente que se le da mejor hacer algo específico. Un entrenador no tiene por qué estar por encima del equipo. Y el capitán tampoco».

 

Puedes estar de acuerdo. Puede que no. Yo hay cosas que comparto, otras no. Me gustan algunas ideas y desconfío de otras. No creo en la organización horizontal, pienso que no es eficaz y cualquier movimiento transformador debe serlo. Comparto buena parte del diagnóstico y entiendo que la gente está peligrosamente alejada de sus supuestos representantes. La política es una herramienta deteriorada que sería imprescindible enderezar, recomponer.

 

En cualquier caso, estés de acuerdo o no, te guste más o menos, lo importante es que exista, que aparezcan alternativas. Que se piense, que se busquen fórmulas y, sobre todo, que se desconfíe de lo establecido y se analice y explore  la manera de hacerlo mejor. Es la fórmula óptima de  evitar la sensación de que tenemos una sociedad anestesiada.

 

Y el teatro siempre ha sido una buena manera de estimular conciencias.

 

 

 

 

 

 

 

2 thoughts on “TEATRO DEL BARRIO

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