En su libro “El póquer del mentiroso”, Michael Lewis cuenta como en la sala de negociaciones de la planta 41 del banco de inversión Salomon Brothers, “jóvenes codiciosos con un instinto asesino vivían en la abundancia y arriesgaban hasta el último céntimo en apuestas imposibles. Nunca, -señala el autor rememorando los años 80-, tanta gente tan poco cualificada había ganado tanto dinero en tan poco tiempo. Cualquiera con pocos escrúpulos y un ansia desmesurada podía llegar a lo más alto. Anteriormente jamás había existido tan fantástica excepción a la regla del mercado que dice que no se puede ganar más de lo que se ha invertido.”
Cuando el presidente de la Xunta, Nuñez Feijoo, balbucea excusas incongruentes para intentar explicar su presencia en numerosas fotos con un conocido contrabandista gallego hoy en la cárcel, y asegura que entonces, cuando se hicieron, cuando compartían barcos y viajes, él era un ingenuo y no sabía ni tuvo interés por las actividades de su entonces colega millonario, uno se pregunta si es que el hoy presidente de la Xunta hace quince o veinte años era idiota o más bien entonces era “un joven codicioso con instinto asesino dispuesto a vivir en la abundancia y arriesgar hasta el último céntimo en apuestas imposibles”. Porque aquella amistad era una apuesta imposible y sin embargo en España, como en Wall Street, también se doblegaron las reglas para alterar lo imposible y llegar a lo más alto a costa de lo que sea.
Y da igual. El tipo da una rueda de prensa, dice que a él no le van a quebrar y que todo es una campaña.
Y hace unas semanas vimos a Cospedal diciendo que lo de Bárcenas había sido un finiquito en diferido, y mientras España se reía a carcajadas y Groucho Marx se removía inquieto viéndose superado en lecciones de surrealismo, Rajoy los metió a todos en el Ritz , dijo que Dolores era un ejemplo de vocación de servicio público y en vez de mandarla al club de la comedia lo que hizo en petit comité fue mandarla callar y pedirla que dejara por el momento de dar ruedas de prensa.
Porque aquí todos practican el póquer del mentiroso.
Y cuanto más tienen mejor engañan. Y cuanto mejor mienten más ganan. Porque el jefe del Banco de España estaba enterado de lo que Rato y cia perpetraban en Bankia, cuando “arriesgaban hasta el último céntimo en apuestas imposibles”. Al igual que los operadores de Bonos de Wall Street. El problema es que ellos no dirigían un banco de inversiones sino una Caja de Ahorros. Y la indecencia es que lo hacían veinte años después de que los jóvenes cachorros de la almendra financiera del sur de Manhatan comenzaran a gestionar lo que sería la futura quiebra del mundo.
Pero aquí veinte años después, los socialistas se quedaban con el dinero de los ERES.
Y el yerno real daba dentelladas buscando patrocinadores que le financiaran su casa millonaria de Pedralbes.
Hoy en sus ratos libres, seguro que alguno de éstos ya está empezando a escribir la novela de estos tiempos. El título ya no será “El póquer del mentiroso” sino el que da inicio a este artículo, es decir, jugadores fulleros que hacen trampas.

